mardi 13 janvier 2015

Mi apostasía: día 2

Once días después de haber solicitado mi partida de bautismo en la parroquia de mi pueblo, la he recibido en mi casa, en París. Ahora podría mandar los documentos de la apostasía (fotocopia compulsada del DNI, partida de bautismo y formulario) por correo a la Diócesis a la que pertenece mi parroquia (Getafe), pero creo que me voy a dar el lujo de presentarla en persona cuando vaya a Madriz.

Continuará...

vendredi 2 janvier 2015

Mi apostasía: día 1

Aquí explico cómo ha transcurrido el primer día en mi camino hacia la apostasía.

PASO 1
Esta mañana me he dirigido a la Parroquia donde me bautizaron y donde tomé la Primera Comunión. Mientras iba de camino, tuve la tentación de cambiar de opinión. Al fin y al cabo, apostatar es discutir una decisión que tomaron mis padres, a los cuales quiero y respeto, y dejar de formar parte de un todo, algo que, quieras que no, siempre da seguridad.

Una vez superadas las dudas (creo que me duraron un minuto y medio) entré en la Parroquia con la firme intención de mentir para conseguir mi partida de bautismo: vivo en Francia, vengo a mi pueblo 15 días al año y no tengo tiempo de marear la perdiz, así que he dicho que la quería para casarme. El cura no estaba, ni tampoco la secretaria, pero el trámite ha sido extremadamente sencillo: han apuntado mis datos en un papel y me han soplado 20 euros (la cifra más alta de las que hasta ahora he visto por Internet). Me van a enviar la partida de bautismo a mi domicilio en Francia. Me pregunto si se habrían mostrado tan disponibles si les hubiera dicho que es para apostatar.

Después me he sentido culpable por mentir. Vivo inmersa en una sociedad judeocristiana que me ha inculcado el sentimiento de culpa (está bien poder echarle la culpa a la sociedad de mi sentimiento de culpa). En realidad no me siento culpable por mentir, sino que me da vergüenza que luego se den cuenta de que he mentido, cuando reciban notificación de la Diócesis para que anoten en el Libro de Bautismos que he apostatado y recuerden que soy yo. En fin, si no hubiese mentido me habría tocado ir a la Parroquia más de una vez, y a mí las sacristías me sientan muy mal al cutis porque me salen granos, así que está mejor así.

PASO 2
Me he dirigido a continuación a la comisaría de policía de mi pueblo, para compulsar una fotocopia del DNI. El trámite ha sido gratuito y sencillísimo. No olvidéis llevar la fotocopia del DNI.

PASO 3
He imprimido el impreso disponible en este imprescindible blog.

PASO 4
He buscado aquí la Diócesis a la que corresponde mi Parroquia. He buscado aquí la dirección de mi Diócesis.

PASO 5
Esperar a que me llegue la partida de bautismo para dirigirme a mi Diócesis (todavía no sé si por correo certificado y con acuse de recibo o en persona cuando venga a España de vacaciones).

¡Seguiremos informando!

¿Por qué apostato?

La Iglesia Católica nos da millones de razones para apostatar. No las voy a enumerar. Contaré por qué apostato yo. Hace años que me lo planteo, pero al final no me lanzo nunca por unas cosas o por otras. Hace falta tiempo, dinero (poco, pero dada mi antigua precariedad los 20 euros que me han sacado por solicitar mi partida de bautismo me habrían fastidiado el presupuesto mensual), y sobre todo ganas, las cuales no me faltaron nunca. 

Mis padres (todavía no sé bien por qué) me inscribieron en el registro de la Iglesia Católica, es decir, me bautizaron a los pocos meses de nacer, pero me dieron una educación laica. Aun así, a los 9 años decidí que quería hacer la comunión. No fue por los regalos ni por la fiesta (en mi casa, afortunadamente, no faltaron nunca ni los unos ni las otras), sino porque creía en Dios. Creía en Dios a la manera infantil de creer en Dios: Él es un ser bueno que te protege y le da una trascendencia a tus veleidades espirituales.

Dejé de creer en Dios antes de tomar la Primera Comunión, no recuerdo si fue al ver la cara que ponía mi padre cuando le entregué el sobre que me había dado el cura de mi Parroquia "para que tu papá ayude a la Iglesia" o el día que me llevaron a confesar antes de tomar la Primera Comunión. En cualquier caso, en esos días perdí la fe, fíjate tú qué cosas. A partir de ahí, viví mi vida en la más absoluta herejía: ni creía que hubiese un Dios verdadero, ni respetaba los preceptos morales ni las costumbres sociales que impone la Iglesia Católica, ni aceptaba que una serie de señores que -teóricamente- no saben lo que es la pareja ni lo que son las relaciones sexuales me digan cómo tenga que encauzar la una y cómo y con quién practicar las otras. Y sobre todo no tolero que opinen y pretendan gobernar sobre mi vientre. Por ahí no paso. 

De hecho, soy profunda y filosóficamente atea: no soy atea ni por costumbre, ni por pereza mental, ni por parecer moderna. Soy atea desde la profunda convicción de que más allá de esta vida no quedan más que los recuerdos que dejemos de nosotros mismos en ella, nuestros hijos, nuestros árboles, nuestros libros. Soy filosóficamente atea porque llegué a esa conclusión tras lecturas y largos paseos solitarios donde me interrogué concienzudamente sobre lo que pensaba y creía de este mundo. Resumiendo: soy atea.

Cuando cumplí la mayoría de edad empecé a pensar en apostatar, pero me parecía un proceso largo y proceloso. Lo fui posponiendo hasta que se convirtió en mi propósito de este año que acabamos de inagurar, 2015. Ahora tengo la fuerza y las ganas de hacerlo. Espero conseguirlo pronto.